10 may. 2011

Democracia secuestrada

Arranca el informativo de las nueve de la noche en TVE, la televisión pública española. “Vamos a empezar con la información electoral, que tenemos que hacer en el orden y en el tiempo en que nos manda la junta electoral en función de los resultados que los partidos consiguieron en las últimas elecciones”, asegura la presentadora con cara de circunstancias.
Su compañero en plató sentencia: “Algo con lo que no está de acuerdo el consejo de informativos de TVE, que considera que esta información, como cualquier otra, debería hacerse con criterios únicamente periodísticos”. Las primeras imágenes de esa información electoral, con Mariano Rajoy en un mitin en Madrid, incluyen este rótulo en la parte inferior: “Imagen realizada PP”.
Cuando los periodistas pierden el control de la información, cuando no pueden grabar y editar sus propias imágenes y aplicar su criterio en la confección de la noticia, la libertad de expresión no existe. Cuando los políticos secuestran esas noticias, e impiden la libre información, la democracia queda en entredicho.
Los políticos son insaciables. No tienen suficiente con el estrecho contacto que mantienen con los periodistas, esa complicidad a veces excesiva, en ocasiones repugnante. Quieren controlar todo cuanto se piensa o se dice sobre ellos. Solo así se puede entender que amparen esta injerencia en la televisión. Que graben y editen sus propios mítines, y que las cadenas emitan esa propaganda como información. O que no respondan a las preguntas en las ruedas de prensa, convirtiéndolas en pequeños monólogos bastardos. Rajoy, sin ir más lejos, evita las preguntas para no meterse en charcos (Camps, Aznar…).
Pero los políticos no son, cuidado, los únicos responsables de la situación. Los periodistas tienen buena culpa de este deterioro de la libertad de expresión. Los periodistas son cómplices de esta degradación de la calidad de la información. Los periodistas son quienes deben acabar con este intento de someter la democracia a los intereses de los partidos.
¿Que los políticos no quieren responder a las preguntas de los periodistas? Pues habrá que publicar solo esas preguntas a las que no quieren responder. ¿Que los políticos quieren grabar y editar sus propios mítines? Pues tendrán que comérselos con patatas: de esos  mítines no se emite ni una imagen. Sobreviviremos sin ellos. ¿Que los políticos están cómodos en los cruces de declaraciones insultantes? Pues habrá que evitar el periodismo de declaraciones insultantes y apostar por el periodismo de verdad. Están en juego la libertad de expresión y la democracia.
Quizá sea tarde. La complicidad entre políticos y periodistas es tan estrecha, sus relaciones son tan íntimas, que se podrían estar transformando en la misma cosa. Se han dado casos de periodistas que se han convertido en jefes de prensa de políticos (y después han vuelto a ejercer de periodistas), no les digo más.
En cualquier caso, ¿Cómo puede un periodista exigir a un político que responda a las preguntas en una rueda de prensa si el día anterior ese mismo político le ha pasado la noticia con la que abre su periódico? Deberíamos intentarlo:#sinpreguntasnocobertura.
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Un motivo para NO ver la televisión
Robert Johnson


Hace cien años nació el padre del blues del Delta. El gran Robert Johnson, el músico infinito, inabarcable, que vendió su alma al diablo en un cruce de caminos para poder tocar la guitarra mejor que nadie. El hombre que nació en una plantación del Misisipi y revolucionó el mundo de las seis cuerdas grabando únicamente 29 canciones. Una pequeña colección de obras maestras, 29 cimientos sobre los que construir el blues, que han servido de inspiración a todos los grandes del rock and roll, desde Eric Clapton hasta los Rolling Stones.
La leyenda dice que Johnson murió, con apenas 27 años, envenenado por el marido de una amante. Solo se conservan dos fotos del músico. Un genio absoluto.